05 febrero 2016

Los de colorado son los nuestros


El cántico de "¡Písalo!" aún suena con fuerza en Nervión cada vez que un jugador rival permanece tendido en el césped. Sobre todo, si el futbolista en cuestión no es bien recibido o tiene la intención de perder tiempo. Ese grito, extendido a otros estadios, tiene su origen en el banquillo sevillista.

Este sábado se cumplirán nada menos que 23 años de la curiosa anécdota protagonizada por el "Narigón". Tras la emisión de las imágenes grabadas del técnico sevillista se armó un gran revuelo, el Sevilla de Bilardo se situó en el ojo del huracán a pesar de que la difusión era mucho menor que en la actualidad, algo que de haber ocurrido hoy, se habría viralizado hasta límites insospechados.

En esta entrada recordaremos la situación vivida en el banquillo sevillista en Riazor, en una época totalmente distinta a la del fútbol moderno actual... Puede que los más jóvenes no tengan ni la menor idea de lo sucedido pero si eres de los que lo recuerdan perfectamente con cierta nostalgia, significa que ya tienes algunos añitos...


Los protagonistas

Domingo Pérez (fisioterapeuta del Sevilla durante muchos años al igual que su padre):

Bilardo (entrenador del Sevilla durante la temporada 1992/1993):



Contexto

Luis Cuervas fue presidente del Sevilla desde 1986 hasta 1995. En 1990, Tras la recalificación de los terrenos aledaños del Sánchez Pizjuán (donde hoy está Nervión Plaza) y su posterior venta, las arcas sevillistas recibieron unos 1.400 millones de pesetas de la época.

Con el club aseado económicamente, el ambicioso presidente sevillista acometió grandes fichajes de futbolistas y técnicos. En 1992, tras la venta de Iván Zamorano al Real Madrid y la salida de otros futbolistas importantes como Bengoechea, Ramón, Salguero y De la Fuente, Cuervas decidió dar un golpe de efecto firmando como entrenador al argentino Carlos Salvador Bilardo, para que se hiciera cargo del equipo en la campaña 1992/1993.

Presentación de Maradona.

Bilardo gozaba de un gran prestigio tras haber conseguido con Argentina un Mundial (1986) y un subcampeonato (1990). El presidente sevillista logró complacer al técnico argentino con el fichaje de Diego Armando Maradona, tras una ardua negociación con el Nápoles. El astro argentino acababa de cumplir una sanción de quince meses por dar positivo en un control antidoping. Además, Cuervas también fichó a otro compatriota suyo, Diego Pablo Simeone.


El sevillismo afrontaba una campaña muy ilusionante. El fichaje de Maradona provocó un número récord de abonados y puso al conjunto sevillista en el centro de todos los focos. Todas las cámaras y micrófonos tenían como objetivo a Maradona, quizás el primer futbolista mediático. Con todos los focos sobre el Sevilla, los medios de comunicación encontraron un filón en la figura de Bilardo, todo un personaje, que a pesar de ser muy popular en Argentina nunca había entrenado en Europa.

Una alineación del Sevilla durante aquella temporada.


Los hechos

Corría la jornada nº 21 del campeonato cuando el equipo de moda, el Sevilla, quinto clasificado, visitaba Riazor para medirse al líder de la liga con la intención de recortar las distancias con el conjunto gallego, a seis puntos (las victorias valían dos puntos aún). Aquel Deportivo de La Coruña era el germen del "Súper Depor" y finalmente se impuso al Sevilla con claridad por dos goles a cero un 6 de febrero de 1993.

Sin embargo, el encuentro pasaría a la historia por algo que ocurrió en el banquillo sevillista durante el transcurso del partido. El fisioterapeuta Domingo Pérez saltó al césped para atender a Maradona, tras un lance del astro argentino con el defensor rival Albístegui. Cuando llegó, se encontró al futbolista argentino plenamente recuperado, pero el jugador deportivista sangraba abundantemente por la nariz, por lo que Domingo, sin dudarlo, atendió al futbolista mientras llegaban los asistentes del conjunto gallego, desatando la furia de Bilardo.

Las cámaras del programa "el día después" cazaron toda la secuencia... El técnico argentino, haciendo suyo el dicho de "al enemigo ni agua", le gritaba al asistente sevillista: "¡Domingo, Domingo a Diego! ¡boludo, al diez! qué hijo de puta...", pero Domingo continuó atendiendo al jugador rival, provocando que el entrenador sevillista  montara en cólera: "En vez de agarrar a Diego agarra al otro, ¡me quiero morir, ¡me quiero morir!".

Bilardo, desesperado, le gritó con ironía al fisioterapeuta hasta en tres ocasiones: "¡Los de colorado son los nuestros¡". Finalmente, Domingo Pérez, volvió al banquillo sevillista, donde no se libró de la dura reprimenda del técnico argentino, que ante las explicaciones del fisioterapeuta sentenció: "Qué carajo me importa a mí el otro, ¡pisalo, pisalo!".

Al día siguiente, el programa emitió toda la secuencia de lo ocurrido en el banquillo sevillista, haciendo célebres los gritos de "Pisalo, pisalo" y "Los de colorado son los nuestros". Un jovencísimo Monchi lo vivió justo al lado del protagonista.

El vídeo:
 

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